Qué es la floración del viñedo

Qué es la floración del viñedo: diferentes estados de una cepa desde la poda hasta la brotación

La buena temperatura y el sol de la primavera traen consigo la brotación y la floración del viñedo y el posterior cuajado de la flor en fruto. Esta es una de las épocas más bonitas para las bodegas y viñas ya que la vid vuelve a la vida. Y la vida vuelve a la vid.

Y es que, después del letargo de la época de invierno que comienza tras la vendimia, en el que las cepas han estado “dormidas”, hacia los meses de mayo y abril vuelven a “despertar”. Todo comienza con el ‘’lloro de las viñas”, que no es otra cosa que la circulación de la savia.

Tras el reposo invernal, se produce esta nueva etapa del ciclo vegetativo de la vid: la reactivación de la actividad de la planta. Cuando esa savia que corre de nuevo llega hasta algún corte realizado durante la poda, se ven esas “lágrimas” de la vid.

¿Las viñas tienen flores?

Qué es la floración del viñedo: poda

Y todo ello lleva a que se produzca la brotación. En esta época primaveral, aparecen los embriones y, a continuación, se produce la floración. Aunque a veces pasen desapercibidas – quizás, por su efímera vida –, las viñas también tienen flores. Son unas pequeñas flores blancas que se acabarán convirtiendo en el fruto, es decir, en las uvas.

Este proceso ocurre cuando los gránulos de polen caen sobre la superficie del estigma, lo que hace que este desprenda un líquido azucarado que lleva a que germinen los óvulos que han fecundado.

Durante la floración, la planta necesita unas condiciones climatológicas más o menos concretas para que todo salga bien: unos 15 o 16 grados de temperatura, mucha luz solar y, a poder ser, nada o muy poca lluvia. En caso contrario, la polinización del viñedo se ve afectada y, por consiguiente, también el cuajado.

¿La uva viene de una flor?

Qué es la floración del viñedo: brotación

La conversión de la flor de la viña en fruto es lo que se llama cuajado. No todas las flores acaban convirtiéndose en uvas, sino que las flores no polinizadas durante el cuajado acaban desapareciendo. El cuajado se completa en las dos o tres semanas posteriores a la floración.

Cuando una cantidad considerable de flores no son fecundadas y no se produce su conversión en uvas, se dice que hay un corrimiento, que puede provocar un menor rendimiento de la cosecha de ese año.

En el caso contario, cuando hay un exceso en la cantidad de racimos de uvas, se procede a lo que se conoce como “aclareo”, que consiste en retirar algunos racimos de uvas antes de que se produzca la maduración para que la de los racimos que se mantengan sea la correcta.

 

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